Deesis

La Deesis toma su nombre del mismo término griego que se traduce como “suplica”, “intercesión”. Es un tema iconográfico cristiano de matriz cultural bizantina, muy difundido en el mundo ortodoxo. En la representación se ve a Cristo que bendice entre la Virgen María y San Juan Bautista en acto de oración y suplica por los pecadores. En esta imagen viene expreso el rol privilegiado de la Virgen y del Bautista como los primeros testigos oculares de su divinidad.

En la representación más clásica Cristo está en su gloria, es la imagen típica del Pantocrátor, pero el P. Marko en algunas ocasiones lo ha representado como el cordero del Apocalipsis, en su trono con el libro de los sellos.

Esa es la escena que representamos aquí, una visión de la Jerusalén Celeste en la cual además de la Virgen María y de San Juan Bautista, podíamos agregar algunos santos que por su especial veneración en esta capilla debían estar presentes.

Es el caso de San Benito, fundador de la vida monástica en occidente y cuya veneración responde al estilo de vida que éste núcleo contemplativo de Siervos de Jesús busaca vivir. Y detrás de él San Ignacio, quien es nuestro padre espiritual y tan presente en esta casa por las personas que pasan por aquí viviendo los Ejercicios Espirituales.

Del lado derecho detrás de la Virgen María se encuentra San José, tan querido especialmente por nuestro fundador el P. Pepe. Y detrás de él, San Juan Diego Cuauhtlatoatzin vidente de la Virgen de Guadalupe, el cual nos recuerda su especial y amorosa presencia “Acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre”.

 

Todos ellos en medio de la Jerusalén Santa, circundada por la muralla y entre sus almenas se puede ver el verde de un jardín. 

En cuatro de las torres de la muralla se pueden ver los seres vivientes del Apocalipsis a cuyas imágenes nosotros asociamos a los cuatro Evangelistas y sus representaciones clásicas del ángel para Mateo, del toro para Lucas, del león para Marcos y del águila para Juan.

Es por tanto una visión del cielo, la cual viene completada por los ángeles en los costados que invitan al creyente a la súplica, a la adoración. Ya que cabe mencionar que cuando se levanta la imagen del cordero, queda al descubierto la custodia del Santísimo para sus adoración.

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En éste especie de registro celeste queda de manifiesto una representación de la Trinidad. La mano que representa al Padre en la escena de la Anunciación, el Cordero al centro que representa al Hijo en las escenas del Apocalipsis y el Espíritu Santo que en la escena de la Secuela Christi es el que hace que tenga lugar esta sinergía entre Dios y el discípulo en el seguimiento de Cristo.

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